Richie González, el trotamundos del entrenamiento de baloncesto

“Jamás me planteé llegar a donde he llegado”, aseguró.

A pesar de haber ganado todo en los retos afrontados como entrenador de
baloncesto dentro y fuera de su país, con más de 30 años en su oficio, cree
no haber madurado lo suficiente y que aún queda mucho en las alforjas
para seguir esparciendo sus innegables conocimientos y resultados por el
mundo entero.
Así piensa este trotamundos DT, español de nacimiento pero de
conciencia multinacional con recorrido exitoso por más de siete países,
Richie González Dávila, quien –priorizando el bienestar y crecimiento
familiar ante todo, a sus casi 49 años de edad–, se considera afortunado
por haber hecho de su pasión su profesión.
En el balance de su trayectoria asegura que lo suyo fue de convicción
porque nadie en su familia había sido deportista. Que por puro gusto
jugaba buen fútbol –y se considera un jugador de tenis de mesa
frustrado– pero un día en el colegio entendió que su metro y noventa
centímetros debían tener mejor uso y otro destino: A los 18 años –tarde–,
comenzó a jugar baloncesto en su natal Madrid y llevaba buen ritmo
aunque no el esperado. Había entendido que la cosa era más que sentirse
bien con una pelota. Que las exigencias técnico-tácticas que marcan la
diferencia debían trabajarse. Su nivel no era el proyectado. Su autocrítica
inconformidad lo llevó del tabloncillo al banquillo, para desde entonces
formar, dirigir y ganar.
Constancia y logros echaron la base de su ascenso como entrenador de
categorías menores (junior o juvenil, cadete, infantil y minibasket) con
amplio andar en el baloncesto femenino. Su puesto como director
deportivo del club donde jugó y de las selecciones de Madrid lo hicieron
rozar lo más granado de la base de ese baloncesto que es en la actualidad
–después del de Estados Unidos–, sin duda, élite y ejemplo a seguir.

Profeta dentro y fuera
Su entrega le abrió las puertas al exterior y cruzó el océano como
asistente de la selección mayor masculina de Uruguay en 1993. Un año
más tarde retorna a España para dirigir selecciones autonómicas
masculinas en Madrid y director deportivo del club FBM, donde desplegó
su experiencia por 10 años continuos. Desde 2004 se instala como
director deportivo de Magadahonda de la Liga Femenina. Pasa en 2008 a
la liga femenina en las Islas Canarias. Del 2009 al 2012 destaca en Burgos
como coach líder del club CB femenino donde logra los ascensos a
primera división. De 2013 a 2015 dirige selecciones nacionales femeninas
de Chile adultas y menores, con lauros en el ciclo olímpico. En el propio
2015 logra el cuarto lugar en la liga de Bolivia con el equipo La Salle. Un
año después dirige el Tromso Storn de Noruega hasta 2017 cuando sin
dudar y con recomendaciones del COI dirige las selecciones absolutas de
Corea del Norte en lo que describe como una de sus mejores experiencias.
Retorna a Chile en 2018 para dirigir en la Liga Nacional al equipo
femenino del club Leones y desde 2019 está al frente de Keflavik Karfin
en su nueva nación residencial, Islandia, a su juicio “el país más seguro del
mundo”, localidad que ha escogido para criar a María y Marcos, sus hijos
de 6 y 3 años respectivamente, con su compañera de vida, otra gloria del
baloncesto hispano, Lidia Mirchandani Villar, quien ostenta una hoja
deportiva ornada con 40 intervenciones fuera de España, en rol de
jugadora en todas las categorías y ahora como entrenadora.
Aparte de lo positivo que resulta el trayecto deportivo de ambos
personajes, Richie busca sacar el mejor provecho para sus hijos quienes
ya, a pesar de su corta edad, están encaminados a dominar al menos tres
idiomas… y los que le faltan porque ese país brinda posibilidades y
condiciones. Islandia es un país simpar. Con menos de medio millón de
habitantes ya estuvo en un mundial de fútbol y un Eurobasket; además
con valores y nivel educativo excepcionales.

¿Lo mejor?

Se goza sus logros en general. No se estanca. Insiste en que hay que mirar
siempre hacia adelante. Ejemplariza con un momento crucial en su
carrera: la final de Odesur 2014. Allí sus dirigidas de Chile perdieron un
juego increíble ante Argentina. Quizás la juventud. Quizás sus decisiones.
Iban ganando por seis a menos de minuto y medio. Se equivocaron y
perdieron. Ese recuerdo lo afecta pero no lo acosa. Insiste en que “para
ganar hay que perder mucho”.
Esa medalla de plata con el femenino de Chile lo llevó al Preolímpico de
Edmonton 2015 y un premundial, indudables muestras de tino y calidad.
En cada recuerdo aparecen los nombres de Ziomara Robinson, Sendy
Basáez, Tatiana Gómez, Bárbara Cousiño y Jénnifer Fuentes, entre otras,
que son la columna vertebral de aquella selección chilena que tantas
satisfacciones agregó a su andar.
Richie, aparte de lo deportivo hace una introspección de pesquisa para
conseguir otros méritos: “Tengo mi corazón regado por todas partes del
mundo y agradezco cada experiencia y cada amigo nuevo que hago donde
llego; eso es tan o más importante incluso que los logros deportivos” y
asevera que en la búsqueda de resultados competitivos para considerarse
ganador es más lo que se va dejando en el camino.
Aunque no es de dar consejos se atreve a recomendar a quienes adoptan
la carrera deportiva a tomar sus propias decisiones por sus experiencias.
“Hagan las cosas con pasión; no únicamente por dinero o prestigio”, y
explica que su oficio requiere de mucha vocación, talento y dedicación,
además de renunciar a un montón de cosas para avanzar, porque las
cosas llegan con trabajo: “Jamás me planteé llegar a donde he llegado. Que
los resultados sean consecuencia de los hechos y no el único objetivo con
el que se inicia”.

Exótica oferta
Lo sorprendió un llamado de las máximas autoridades del deporte del
hermético Korea del Norte, para crear y dirigir los proyectos de

selecciones mayores. Contra críticas y opiniones adversas aceptó el reto
que representaba la exótica oferta.
“Mi mujer, que es la que más me ha dado apoyo en mis locuras me
impulsó y asumí dirigir en ese país del que nadie sabe mucho y ellos allá
tampoco saben nada de afuera”, explica el DT hispano.
“Entre otros objetivos, viajé con la intención de acercarlos a las nuevas
maneras del baloncesto, que es el deporte que más ha evolucionado y que
más cambia año tras año”, dijo, y en descarga de sus buenos resultados
explicó que debido al sistema especial de ese país, esos jugadores se
entrenan seis horas diarias, a excepción de jueves y domingo que solo
entrenan tres; ello aunado a la buena alimentación y las condiciones
físico-atléticas innatas, han alcanzado buen nivel. “Son unos tiradores
increíbles”.
Considera el español que esa estricta organización bajo el mando de Kim
Jong-un ha marcado pauta en el deporte y por lo menos en balonmano y
en fútbol tienen altísimo nivel. “En sub 17 y sub 19 son campeones
mundiales”.
Asegura haber visto instalaciones deportivas de primera línea y de
altísimo nivel porque el deporte es asunto de Estado. “Para el deporte no
falta dinero”.
Un hándicap es que compiten internamente y en los juegos asiáticos. Aún
le falta pero el proyecto va bien, a decir de Richie, quien en esa función
desde Pyongyang, capital norcoreana, fue precedido por Dennis Rodman.
Por cierto, le llama la atención al coach que a pesar de estar en la era de
las telecomunicaciones los jugadores de baloncesto en ese país no saben
quién es Lebrón James ni Stephen Curry, por ejemplo. Clara señal del
cerco informativo reinante.
De esos días recuerda que intercambió con una jugadora de tenis de mesa
(su otra pasión) y debido al buen revés del español la chica adelantó
gestiones para que Richie la entrenara de cara a ciclos olímpicos, pero no
asumió. “Vine aquí por basket”, sentenció.

Está convencido que la falta de información acerca del resto del mundo
permite al ciudadano promedio vivir tranquilo, con lo básico cubierto,
porque “aunque no son dueños de nada tienen de todo; el Estado se los
garantiza”. En el medio del cerco la gente tiene casa, viste y come bien, se
prepara, hace deporte, con la fidelidad al propio Estado como acto
recíproco.

Familia y gustos
Tanto el clima de Islandia como la pandemia le generan mucho tiempo
“inside”, que ha aprovechado para compartir más con su familia, pero
además para proyectarse a un futuro próximo nuevamente dirigiendo,
que es lo que aprendió a hacer desde joven, expone Richie, quien
reivindica con sus hijos la afición por los grupos musicales de su época al
enseñarles varios éxitos de Hombres G y Los Secretos, entre otros de pop
rock, y agrega a su repertorio Carlos Vives y otros ritmos latinos
incluyendo la salsa, aunque reconoce su inutilidad al bailar “esa tarea la
tengo en el debe”, bromea…
Aunque come de todo con preferencia la cocina mediterránea, no es muy
selectivo. Debe ejercitarse demás para equilibrar algunos excesos
culinarios porque se adapta bien a cualquier condición, tal como le ha
correspondido en su abarrotada bitácora. “No paso hambre en ningún
lado”, ríe…
Después de su grupo familiar los momentos libres los destina a ver mucho
baloncesto de todas partes del mundo, montar bicicleta y practicar tenis
de mesa.
Proyectos y deseos
Con este pergamino colmado de éxitos, Richie quiere retornar a Chile por
sus buenas relaciones con Carlos Saavedra, presidente del club Leones de
Quilpué, pero además aspira dirigir en otras ligas de Latinoamérica donde
cree que tiene cosas por lograr. Se siente muy identificado con las
costumbres culinarias, el clima y los amigos que tiene en el nuevo
continente y muestra curiosidad e interés por el baloncesto de Venezuela,

Puerto Rico y México. “Y, por supuesto, deseo que se acabe esta pandemia
que nos tiene a todos locos”…

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